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(Char)latanes.

Por: Cristian Andrés Rojas*

Hace unos meses leí a Edward Gibson en su texto “Autoritarismo subnacional”. En él habla, entre otras cosas, sobre la “parroquialización del poder”, que no es más que manipular los flujos de información y reducir las capacidades de intromisión de la crítica o de grupos sociales contradictores para mantener a salvo el control político. Mientras comprendía este concepto, me resultaba imposible no asociarlo con la notoria -y cada vez más frentera- complacencia entre las administraciones locales de la familia Char y los principales medios de comunicación en Barranquilla, la cual ha sido tristemente naturalizada por muchos. Siempre pensé que no podía sentir más vergüenza ajena por esta dañina relación avalada por los periodistas “líderes” del Atlántico. Pero fue posible superar tales niveles de desasosiego al ver hoy sus papeles de empedernidos defensores del manejo gubernamental que se le ha dado a la desatada crisis por la propagación del COVID-19 en el Atlántico y en Barranquilla: epicentros del desastre y de la muerte.

Basta con escuchar a Jorge Cura en Emisora Atlántico todas las mañanas, o ver el desafortunado y descarado editorial del periódico El Heraldo del día miércoles 17 de junio, para entender el penoso “mandado” que están cumpliendo los medios locales. En dicho editorial, la directora Erika Fontalvo literalmente tildó de “divisor” y “caza peleas” a todo aquel que es crítico del manejo institucional de esta crisis. Mientras calificaba de “pueril” la argumentación de los contradictores, la periodista enviaba un llamado a la “unión” entre los ciudadanos para que debatamos basados en una “confianza” ciega en la labor de la administración de Pumarejo y Noguera. Ante esto me pregunté: ¿Cómo se atreven a pedir confianza en quienes nunca -en 12 de años de administración- se han preocupado por tejerla? ¿En serio tiene el descaro de pedir unión mientras se burla y tilda de pueriles y sobrados los argumentos de quienes exigen un mejor manejo? 

Es notorio que esta minimización a la crítica está respaldada en un peligroso discurso que apunta toda la culpa a la indisciplina social y la falta de cultura ciudadana. Con vender ese mensaje, no solo se intenta salvar a los gobernantes de responsabilidades mayores, sino que se estigmatiza al ciudadano de a pie y se deja en sus manos toda consecuencia catastrófica por ocurrir. Además, se asume que la ciudadanía está lo suficientemente capacitada para elegir entre comportarse mal o tener cultura de autocuidado y autosuficiencia. 

La anterior proclama resulta, por supuesto, bastante insensata y alejada de la realidad. Quienes han parroquializado el poder político en Barranquilla, hoy han encontrado en los tradicionales medios de comunicación, el espacio idóneo para condenar a los “incultos” e “inconscientes”. Pero lo hacen olvidando que son ellos quienes, controlando los espacios de dirección y decisión, no priorizaron políticas públicas de construcción ciudadana y cultural, sino que prefirieron ser “taquilleros” con nada más que cemento. Aquellos mismos dirigentes hoy exigen -replicados por esos avasallados líderes de opinión- que toda la ciudadanía, sin excepciones, los acompañe en el cumplimiento de las insuficientes medidas contra la pandemia. Pero no recuerdan, que han sido ellos quienes no han acompañado en la necesidad a los más pobres (a los mismos que hoy juzgan). Son aquellos mismos que dicen “quédate en casa”, mientras olvidan que poco han hecho por el 63% de la población barranquillera que vive del día a día, la cual de hambre no se va a morir. 

Lo que más preocupa, es ver como este discurso impulsado abiertamente por los medios ha tenido rápidamente su resultado esperado. Y aunque nadie niega que la indisciplina social es un factor en el acelerado aumento de contagios, la labor de ir más allá de eso y cuestionar otros aspectos (como lo que nos está costando haber hecho de la salud un “negociazo” sin escrúpulos), se ha vuelto engorroso y duramente sancionado por la mayoría. Con frases como “cumplir normas lo aprendo desde chiquito”, “el gobierno no tiene por qué hacerte todo”, “la gente es bruta” o “cada quien sálvese como pueda”, se ha ido apagando el debate serio, responsable y ampliamente crítico. Así, de los muertos que vienen y de la crisis económica que ya inició, nadie más que el ciudadano mismo será el responsable. Y la labor político-administrativa en el manejo de la crisis habrá quedado en la pared como algo terciario, como si estuviéramos en la selva, en la cual solo sobreviven los más fuertes. 

Salvaguardar una buena relación con el poder en estos momentos, puede que le traiga beneficios privados a esas casas periodísticas locales. Pero la historia no olvidará que fueron quienes se dedicaron a la charlatanería en medio de una crisis de salud sin precedentes. Y entre comillas quedará, para siempre, su reputación periodística.

*Cristian Rojas es estudiante en último semestre de Ciencia Política con énfasis en Gobierno y Políticas Públicas. Sus temas de interés son la política social, la administración pública y la política agraria. 

Twitter: @srcristianr, Instagram: @cristianr_24

Las imágenes de esta nota fueron tomadas de El Heraldo, Canal Tropical y Zona Cero. 

1 reply on “(Char)latanes.”

Mis respetos excelente análisis de la situación actual de la ciudad sólo queda decir que la realidad se llegue a conocer tal cual como es
Si

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