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Del neoliberalismo y otros demonios.

“El descontento de los pueblos radica en que el neoliberalismo representa los intereses de una pequeña minoría propietaria del poder económico”

Por: Alejandro Navarro García*

En el mundo de hoy se están sucediendo en distintos países, una serie de jornadas de protestas que cuentan con un denominador en común: el rechazo generalizado a la ideología económica y política que representa el neoliberalismo. Pero, ¿qué es el neoliberalismo?, ¿por qué existe un rechazo generalizado en contra de dicha ideología por parte de las clases medias y bajas de las sociedades occidentales? A continuación, responderé a estas dos preguntas con un lenguaje sencillo para su mejor entendimiento.

Para comenzar, hay que decir que el neoliberalismo es la ideología económica y política propia de la burguesía capitalista fundadora de la democracia representativa, que se consolidó un poco antes de que se acabara la segunda guerra mundial, cuando las potencias mundiales que se veían victoriosas: Unión Soviética, Estados Unidos, y Reino Unido, junto a 41 naciones más, decidieron fundar el nuevo orden económico mundial en los acuerdos de Bretton Woods, que tenían por objetivo principal evitar que el proteccionismo y las guerras comerciales se siguieran sucediendo como antesala de las guerras mundiales.

En dichos acuerdos, se crearon dos de las principales instituciones de política económica internacional: el Fondo Monetario Internacional, FMI, el Banco Mundial,  y se sentaron las bases para la tercera, la Organización Mundial del Comercio, OMC. El FMI fue creado exclusivamente para garantizar la estabilidad monetaria internacional, el Banco mundial para la reconstrucción de Europa y ya para la década del 90, la OMC fue creada para fomentar el libre mercado.

No obstante, desde el principio las cosas empezaron a desviarse cuando en vez de seguir las recomendaciones de Keynes (representante del Reino Unido), se prefirieron adoptar la propuesta de Dexter White (representante de los Estados Unidos), debido fundamentalmente a que algunas decisiones no se centraron en argumentos económicos, sino en el poderío geopolítico de la nueva potencia mundial que emergía de la destrucción de Europa, los Estados Unidos.

Keynes, economista reconocido mundialmente, había propuesto la creación de una moneda de reserva global (el Bancor), que fuese emitida por una institución supranacional, la Unión Internacional de Compensación, que fuese utilizada por todos los países en las transacciones internacionales y que tuviese dientes para sancionar y estimular la eliminación de los superávits y déficits comerciales, mientras que White propuso que el dólar fuese la moneda de reserva global que cumpliese dicha función y, para calmar las críticas por dicha medida, aceptaron que ésta estuviese respaldada en oro.

Así las cosas, el nuevo orden mundial tenía la obligación de garantizar, de la mano del dólar, el sistema librecambista, pero con estabilidad cambiaria y arancelaria para evitar que cualquier país de manera independiente adoptara políticas comerciales que fuesen en detrimento de los demás. Sin embargo, para la década de los setenta, el deseo imperialista de la nueva potencia los llevó a la guerra con Vietnam, obligándolos a imprimir grandes cantidades de dólares para el sostenimiento de la guerra, despertando la desconfianza de sus socios europeos, quienes decidieron repatriar sus reservas de oro depositadas durante la segunda guerra en la reserva Federal de los Estados Unidos como mecanismo de aseguramiento en contra de la avanzada nazi y que servían de respaldo a todo el dólar en circulación.

En respuesta, el presidente Nixon desmontó el patrón oro e impuso un sistema de curso forzoso, en otras palabras, dinero deuda (FIAT) -sin ningún activo que lo respalde-, pero si respaldado por el ejército más poderoso del mundo y con la garantía de ser la divisa con mayor demanda al asegurarse que Arabia Saudita comenzara a realizar todas sus transacciones de petróleo en dicha moneda.

A partir de este momento, el FMI y el Banco Mundial comenzaron a distorsionar sus objetivos de estabilidad económica mundial para convertirse en agentes defensores y promotores de la doctrina neoliberal. Doctrina que fue impulsada abiertamente por Reagan y Tatcher, consolidada en 1989 dentro de lo que se denominó el consenso de Washington, evento en el que participaron el FMI, el Banco Mundial y el departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Desde allí, se propusieron diez recomendaciones que debían seguir todos los países del mundo a raja tabla en tiempos de crisis económica y que terminó fortaleciéndose en la década del noventa con la caída de la Unión Soviética y la llegada de las privatizaciones a la nueva Rusia y a China.

¿Recomendaciones u obligaciones?

Aunque se habla de que son recomendaciones, lo que sugiere el consenso de Washington en materia de disciplina fiscal, reducción del gasto público, reformas tributarias, liberalización de las tasas de interés, los tipos de cambio, el comercio y la inversión extranjera directa, privatizaciones, flexibilización laboral y garantía a los derechos de propiedad, son verdaderamente políticas de obligatorio cumplimiento, ya que hacen parte de las garantías que a modo de chantaje, exige el FMI en los acuerdos de deuda y que además nunca contó con el consenso de la mayoría de países del mundo.

Por lo tanto, estas medidas son las que se reconocen en el argot popular y académico como el ‘paquetazo neoliberal’, medidas que los países están obligados a cumplir si quieren contar con el respaldo del FMI en tiempos de crisis económica. En otras palabras, cuando un país recurre al FMI se está comprometiendo a reducir considerablemente el tamaño del Estado en beneficio de las grandes potencias, el sistema financiero y corporaciones mundiales, pero en perjuicio de las grandes mayorías, trabajadores, campesinos, clases medias, vulnerables y bajas de todo el mundo.

El descontento de los pueblos radica en que el neoliberalismo representa los intereses de una pequeña minoría propietaria del poder económico; bancos centrales, sistema financiero y las corporaciones, causantes de la última crisis del 2008 que aún no termina, pero que además fueron premiados al ser rescatados con grandes sumas de dinero FIAT que en vez de garantizar la estabilidad macroeconómica mundial, ha terminado por profundizar aún más los problemas de desigualdad y pobreza en todo el mundo.

Es decir, el neoliberalismo representa socialismo para las minorías de ricos y súper ricos del mundo, mientras a las grandes mayorías se les impone un capitalismo salvaje y deshumanizado. 

*Alejandro Navarro es profesor universitario. Profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales con un Magíster en Economía. Candidato a Doctor en Economía de la Universidad del Norte.

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