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El contagio del desempleo en Colombia.

Por: Brandon Hernández*

Probablemente en este punto de la crisis por el COVID-19 tengas un pariente, varios amigos o un par de conocidos que se vieron obligados a entrar a la cruda estadística de desempleo en Colombia, que para abril de este año se situó en 19,8% según cifras del DANE. Por qué no decirlo, incluso tú puedas estar contándote. La realidad es que no existen mejores escenarios, solo algunos menos catastróficos que otros. El Gobierno, por su parte, no encuentra una lectura acertada del panorama y parece desestimar cualquier oportunidad de capitalizar la crisis en nuevas perspectivas para el sistema laboral.

De acuerdo con el último informe del DANE sobre empleo en el país, se habrían perdido más de cinco millones de puestos en abril, comparativamente con las cifras del año anterior en el mismo periodo. Dentro de los sectores más golpeados se incluyen: el comercio y reparación de vehículos, la industria manufacturera y las actividades de entretenimiento y recreación. No obstante, en la cara oculta del cálculo, se resalta que casi el 50% de los empleados no cuentan con estándares mínimos de formalidad y, ante el aislamiento preventivo obligatorio, representan un importante revés para los indicadores de consumo nacional.

Pero las cifras no se agotan en la desaparición de vacantes, existe un desequilibrio en el mercado laboral que golpea con mayor fuerza a las mujeres. Mientras que la tasa de desempleo de los hombres en el trimestre móvil febrero – abril 2020 se ubicó en 11,9%, para las mujeres fue 18,4%, con el agravante que, durante el mismo periodo, se incrementó en 1,8 millones el número de mujeres dedicadas a oficios del hogar.

Esta realidad representa desafíos importantes en el mediano plazo para el país y deberá entenderse solo como la punta de un iceberg que viene creciendo en la superficie desde los últimos años. Las implicaciones económicas son serias, el Banco de la República proyecta una tasa de desempleo para el 2020 cercana al 18%, mientras que la Asociación Nacional de Instituciones Financieras estima que en el peor de los escenarios se podría llegar hasta el 22.5% y la caída del PIB alcanzaría los cuatro puntos. En este sentido, las medidas de reactivación económica en el marco de la crisis no deben situarse en el impulso de créditos a la demanda, por el contrario, deben implicar un mayor gasto público con control en la adjudicación de contratos y partidas presupuestales, precisamente, para evitar al máximo los acostumbrados escándalos de corrupción que tampoco dan tregua durante la coyuntura y que les han costado sus puestos a varios mandatarios locales.

La discusión es profunda y no se le puede atribuir enteramente esta situación a la pandemia, pues el sistema laboral en el país no contaba con condiciones de adaptación a los nuevos mercados de las industrias 4G, ni tenía estándares de operatividad en la virtualización; la tasa de alfabetismo digital sigue siendo baja, la cobertura de conectividad es poca y el rebusque predomina en el día a día de los ciudadanos.

En Colombia se sobrevive todos los días y estar encerrados implica multiplicar las condiciones de vulnerabilidad para miles de familias. Las políticas de empleo están en deuda con el puente entre la educación superior y el mercado laboral, con la formalización de oficios y algunas garantías constitucionales. Ser empleado en Colombia es un privilegio, casi tan grande como ser estudiante. Un privilegio que cuesta vidas, mínimos de dignidad y hasta violaciones a los Derechos Humanos.

El papel del Gobierno pasa por hacer una lectura holística de los escenarios, nada sencillos, que vive el país. Se deben repensar algunos modelos productivos, acelerar las economías emergentes, impulsar la inversión en ciencia y tecnología, fortalecer los sistemas educativos duales, reformar el régimen pensional y robustecer la capacidad de reacción del sistema de salud. Básicamente, reformar el sistema laboral implica adelantar transformaciones históricas que el país no se atreve a hacer y que nos tienen en el siglo XIX. El rol de la ciudadanía es presionar esos cambios, replantearse modelos de movilización y acción colectiva, abogar por la disciplina e innovación social para afrontar la coyuntura y adaptarse, hacerlo sin bajar la guardia. En el confinamiento también se alza la voz, es nuestra obligación política incluso en un Estado que censura y silencia.

De lo contrario, seguiremos fortaleciendo la deuda histórica que hoy nos tiene en vilo. Urge cuestionar a las instituciones que han perpetuado un sistema laboral discriminatorio e injusto y se debe castigar en las urnas a aquellos que han venido postergando las reformas que millones de trabajadores esperan. En el entretiempo, la crisis le exige al Gobierno actuar con rapidez para evitar un desplome laboral de peores proporciones, al tiempo que lidia con una curva de contagio creciente en junio y julio.

Su estrategia implica una gradualidad que no garantiza recuperación de los puestos perdidos, pues el daño económico está hecho y las condiciones de apertura no permiten el fortalecimiento de las empresas, sino una supervivencia diaria con mínimos. El Gobierno no puede responder sólo con políticas reactivas, en tanto no adopte esa lectura, seguiremos escuchando a amigos, familia y cercanos sumarse a la dolorosa lista del desempleo en el país. 

* Brandon Hernández J es internacionalista de la Universidad del Norte. Activista juvenil y director de Barranquilla de la Alianza Global de Jóvenes Políticos. Twitter: @branhernandezj

Instagram: @branhernandezj Facebook/hernandezbdj

Fuentes:

https://www.portafolio.co/economia/empleo/noticias-coronavirus-desempleo-colombia-abril-2020-541240

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