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El papel de los intelectuales y su incidencia en la protesta social en Colombia.

“La intelectualidad en la protesta colombiana no se limita a los acartonados académicos…Contrario a ello, los y las artistas, estudiantes, indígenas, gestores culturales, obreros y obreras, entre otros, han afrontado también desde las lógicas de la intelectualidad los desacuerdos con el Gobierno”.

Por: Alejandro Blanco*

El tránsito a la democracia en Colombia pasa por diluir el conflicto armado por medio de conflictos de carácter político. En últimas, la política es el catalizador y el andamiaje teórico-práctico de las distintas formas de conflictividad humana. La razón neurálgica de la existencia de la política es justamente el carácter diverso y divergente de la humanidad. En los procesos sociales la intelectualidad juega un papel preponderante.

Estanislao Zuleta plantea que solo un pueblo escéptico de la guerra y maduro para el conflicto es un pueblo también maduro para la paz. También indica que una sociedad madura para la paz es aquella que se encuentra preparada para afrontar el conflicto. Lo anterior, guarda relación con la siguiente idea: la democracia es potenciación dialéctica e infinita de las distintas formas de conflictos humanos. Hoy, Colombia ha empezado ha permitir nuevas formas de narrativas sociopolíticas, donde la protesta y la movilización se posicionan como una vía rápida para construir democracia y participación.

Karl Marx, uno de los más lúcidos y brillantes pensadores de la modernidad occidental, en el conocido texto, 11 tesis sobre Feuerbach, plantea; debatiendo con la filosofía clásica alemana, que “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. La obra de Marx no es sólo un tratado teórico para observar y contemplar la sociedad, es una filosofía de la práctica.

La intelectualidad en la protesta colombiana no se limita a los acartonados académicos que desde las lúgubres oficinas intentan, en palabras de Marx, “interpretar al mundo”. Contrario a ello, los y las artistas, estudiantes, indígenas, gestores culturales, obreros y obreras, entre otros, han afrontado también desde las lógicas de la intelectualidad los desacuerdos con el Gobierno. Después del Paro del 21 de noviembre, por parte de la sociedad civil, en Colombia hay más ideas que balas. La actividad intelectual es propia, inherente e intrínseca a la vida material, social y política del ser humano.

El científico y el artista.

Así mismo, Gramsci expresó: “el tipo tradicional y vulgarizado del intelectual está dado por el literato, el filósofo y el artista. Por lo tanto, los periodistas, que pretenden ser literatos, filósofos y artistas, pretenden también ser los “verdaderos” intelectuales. En el mundo moderno la educación técnica, ligada estrechamente al trabajo industrial, aun el más primitivo y descalificado, debe formar la base del nuevo tipo de intelectual.”

Por otro lado, para Antonio Gramsci, el intelectual orgánico no subyace cabalgando sobre las lúgubres estratosferas científicas. Contrario a ello, el intelectual que invoca Gramsci es el que abre caminos tácitos y contra hegemónicos, de cara a transformar las realidades del status quo a través del arte, la cultura y todo aquello que vislumbre espacios para romper el orden social establecido.

La protesta social y la movilización en el marco del Paro Nacional, dan luces sobre el quehacer del intelectual orgánico. Las sinfónicas, obras de teatro, performance y los bailes, hicieron parte de las narrativas sociales a través de las cuales se expresó la ciudadanía a lo largo y ancho del país en el marco del Paro Nacional. Luego entonces, el arte y la cultura hicieron parte de las narrativas que le dieron color y vida a las protestas en contra de lo que la ciudadanía considera injusto. La actividad intelectual es entonces parte del quehacer social y el hilo infinito que entrelaza la teoría y la práctica.

La emergencia del descontento social en Colombia y América latina, están relacionadas con el desgaste cíclico del imperante neoliberalismo y de un sistema democrático que intenta apelar a la representación como único objeto de la democracia, dejando de lado la participación popular. La democracia participativa, es entonces la intensificación de los distintos conflictos por medio de la política.

Ya para terminar, es justo señalar que los autoritarismos tratan de calmar los conflictos intensificando la violencia de Estado. No obstante, la resistencia es una característica que subyacente en razón de las relaciones de poder, como diría  Foucault. América Latina siempre ha resistido ante los autoritarios de distintas índoles.

*Docente, investigador. Universidad del Atlántico, facultad Ciencias Humanas y facultad de Ciencias de la Educación. Historiador, especialista en resolución de conflictos. Magíster en Educación y Doctor en Ciencia Política

Bibliografía

Bendaña-Pedroza, Carlos, 2015. El manifiesto del método. Ensayo de interpretación de las Tesis sobre Feuerbach de Karl Marx, Bonn, pdf.

Fundación Estanislao Zuleta (1996). Estanislao Zuleta. Lógica y Crítica. Universidad del Valle, Cali – Colombia. ISBN.

Carmona, Hector Fabio (3 de abril de 2001). Biografía de Estanislao Zuleta. Sapiens.com. ISBN.

Gramsci, A. Quaderni del Carcere, Torino, Einaudi 1975, pp. 419 y 1840-1841 (Q).

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