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La Paz en Colombia y su voz en el marco del #ParoNacional.

Por: Gloria Jaimes*

No, Iván: no somos comunistas financiados por Rusia, Venezuela ni el Foro de Sao Paulo. Tampoco ha sido falta de pedagogía ni de capacidad receptiva lo que nos tiene marchando. Somos el pueblo que estalla y alza su voz ante el olvido, la violencia y la desigualdad histórica. Somos los ciudadanos que nos cansamos de esperar y creer en un mesías. Por eso, salimos a las calles; para hacer de lo político, lo nuestro.

Es sumamente ofensivo que el presidente de una nación confunda el clamor de gran parte de sus ciudadanos con “mala pedagogía” o “ineficaces estrategias para transmitir la información”, y que su único mea culpa sea el de no poder comunicar los “múltiples logros” que se están dando, desconociendo el mal trabajo de gobierno que está haciendo. En ese sentido, el comportamiento de Iván Duque en el marco del Paro Nacional ha dejado muchísimo que desear.

Como ya se ha dicho, ha tenido una terrible lectura de las razones por las que nos manifestamos y sigue cometiendo el mismo error: tratar a la sociedad civil de desinformada, en vez de ocuparse de lleno de las problemáticas expuestas y empezar a trabajar inmediatamente (y no en marzo) para encontrar soluciones efectivas. Consecuentemente, pareciera que la estrategia de Duque es esperar que todo pase. Sin embargo, lo que evidentemente no contempla, es que el descontento generalizado de la población no viene de una ideología, ni de las “fake news” o de una sensación de crisis pasajera.

Estamos cansados.

El estallido de manifestaciones en el país es producto del sentimiento de cansancio que tenemos los colombianos; no sólo con este gobierno sino con -casi que- todos los anteriores. Desde problemas como la guerra, la violencia, el desempleo, la desigualdad, la falta de acceso a oportunidades, nuestros pésimos sistemas de salud y pensión. Hemos sido fuertemente golpeados, esperando que con cada nuevo gobierno las cosas mejoren un poco, para que, por un lado, nos dejemos de matar y, por el otro, mejore nuestra calidad de vida.

Por tal motivo, desde que se firmaron los Acuerdos de Paz, la esperanza ha retornado y se ha dado el escenario propicio para que la discusión sobre la problemática del país trascienda la de la guerra y pueda enfocarse en otros frentes, tales como: transparencia, cuidado del medio ambiente, mejor salud y pensión, acceso a la educación, mayor empleo, entre otros. No obstante, y aunque también es una de las banderas del Paro, no puede olvidarse que la construcción de paz todavía es la tarea pendiente más importante, pues la guerra es el peor mal de todos los males, y hasta que Colombia no se libre de ella, difícilmente podremos vivir en el país en el que soñamos.

Teniendo en cuenta lo anterior, uno de los tópicos más importantes de discusión en la agenda del Paro Nacional, ha sido el tema de la paz. En la medida que, a pesar de la firma y refrendación de los Acuerdos, su implementación ha sido todo un reto. El Gobierno ha creído equivocadamente que sólo debe gobernar para sus electores y que eso se traduce en ponerle trabas al proceso. Desde el principio se le ha visto pronunciándose sobre aquel aspecto como “paz con legalidad”, y no se necesita ser estudiado en la materia para darse cuenta de que es la nueva “paz sin impunidad”, pero con un nombre más soft (suave).

Por ello, desde que asumió su mandato, Duque intentó torpedear la JEP mediante sus objeciones; nombró director del Centro Nacional de Memoria Histórica a un hombre que niega la existencia del conflicto armado en Colombia; no ha dado garantías para proteger la vida de los excombatientes ni líderes sociales; tampoco ha aunado esfuerzos para la implementación de la importantísima Reforma Rural Integral, entre otros intentos de obstaculizar lo pactado.

Queremos paz.

Por esta razón, entre otras tantas, muchos colombianos nos vinculamos al Paro, porque vemos en los Acuerdos de Paz una herramienta importantísima sin la cual no podemos formar la Colombia que anhelamos. Es necesario que haya paz en los territorios que han sido diezmados por décadas, donde hacer política respetando la pluralidad, es apenas un anhelo.

Debemos recordar que lo que reivindicamos en las grandes ciudades no es lo mismo que se necesita especialmente en el campo y demás municipios, donde los espacios abandonados por las FARC siguen siendo olvidados por el Estado y, peor aún, ocupados por otros actores del conflicto. Y que, a pesar de los múltiples beneficios que ha traído el fin del conflicto armado con esa guerrilla, como la disminución del número de muertos en la guerra, la reinserción a la vida civil de los excombatientes y la tan anhelada verdad para las víctimas (incluyendo el descubrimiento reciente por parte de la JEP de las fosas comunes de falsos positivos, por ejemplo); no podemos permitir que el posconflicto pase a segundo plano.

De manera que se necesita todo el cumplimiento de las instituciones y el apoyo y veeduría de la sociedad civil. Se deben seguir sumando todos los esfuerzos para que la guerra deje de ser una realidad en Colombia y se puedan dar las garantías necesarias, que tanto se le deben a la población, especialmente a la más afectada durante tantos años de conflicto. Por eso, el Paro Sigue, porque es el canal a través del cual nosotros, los ciudadanos de a pie, le exigimos con convicción al Gobierno QUE CUMPLA.

*Gloria María Jaimes Neira es egresada del programa de Derecho de la Universidad del Norte, donde además es estudiante de los programas de Ciencia Política y Gobierno, y de la Especialización en Derecho Penal.