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Los individuos pasan, las instituciones quedan

Por: Cristian Andrés Rojas*

Antes, durante e inmediatamente después de que la Corte Suprema de Justicia dictara orden de detención contra el ex-presidente Álvaro Uribe Vélez, la discusión nacional versó -más allá de las implicaciones personales del hoy senador- sobre las consecuencias de una decisión jurídica de tal magnitud.

Que no haya precedentes en la historia política de Colombia y que se trate del hombre que puso presidente con diez millones de votos, son “condimentos” especiales que ayudan a que el centro del debate sea ese: ¿Qué puede pasar? ¿Una guerra civil entre uribistas y opositores? ¿Un brutal choque de poderes entre ejecutivo y judicial? ¿Un Congreso volcado en salvar al líder de sus mayorías? ¿Que la sociedad desconozca a sus Cortes?

Pasaron ya varias semanas desde que el senador entró en prisión domiciliaria, y en el país político colombiano no sucedió nada. Nada más que lo esperado: a su bancada legislativa profiriendo discursos de dolor patriótico, reducidas caravanas en camionetas en algunas ciudades, y la siempre existente discusión social de si están “comprados” los jueces y si no deberían ser otros los que vayan presos. Después de eso, ni el “Terremoto Político” del que habló Revista Semana se cumplió, ni nos vimos volcados a una guerra civil, ni el ejecutivo se tomó las funciones judiciales a pupitrazo.

Pero, ¿cómo es posible que ni siquiera la privación de la libertad del hombre más importante en la historia política reciente de Colombia, sacuda a la sociedad y sus instituciones? Para poder darle una respuesta a este cuestionamiento, es necesario despojarse de moralidad y aceptar realidades: nos guste cómo funciona o no, la institucionalidad colombiana es fuerte.

Aparato institucional en Colombia.

Más allá de su presencia desigual en el territorio, es impenetrable donde su aparataje se asienta. Sus soportes son el clientelismo y la corrupción, dinámicas que no cesan un solo día en sus objetivos de mantener el poder y apropiarse de los recursos. A la hora de la verdad, mientras una decisión no obstruya sus actividades ni peligre su poder, las cosas seguirán en su acostumbrado orden. Y una estructura clientelar tan vasta como la colombiana, donde hay mutuas dependencias para ocupar curules, ministerios, direcciones, y donde se aseguran espacios con dinero y compras de consciencia, la vulnerabilidad de un solo hombre, aunque sea el líder de una parte de esa estructura, no puede derribarla ni terminarla.

Aquellas dinámicas se normalizaron y se volvieron una “burbuja” de poder. Hoy, o se está dentro de ella, o se está por fuera. Pero nunca por encima. Es el establecimiento mismo funcionando como un reloj, sobrellevando cualquier cosa que no arriesgue sus privilegios. Los individuos que hoy dirigen esa burbuja, como ya lo hicieron sus antecesores, irán pasando y dejando su legado de beneficios y podredumbres a sus elegidos, para que repitan su historia.

Y aunque algunos caigan, la institucionalidad encontrará la forma de aplacar esa amenaza y continuar su operatividad. E incluso, podrán obtener de la flaqueza de sus populares líderes (como Uribe), una oportunidad de generar discursos que los martirice e impulsen a la sociedad a seguir escogiendo los proyectos políticos que hacen fuerte a esa burbuja.

Muchos podrán argumentar que realmente se cumplirán los grandes temores sólo cuando la Corte dicte sentencia y halle culpable a Uribe Vélez. Pero, si el impacto que tuvo ver por primera vez a un expresidente yendo a prisión domiciliaria, no tuvo la suficiente fuerza para impulsar “terremotos” políticos y sociales, una segunda vez que confirme lo que ya sucedió, tampoco lo hará. La sorpresa, lo anómalo, lo inimaginable ya se materializó, los discursos a favor y en contra ya fueron proferidos, y la discusión social, como todas las demás en este país, ya se ha ido agotando y pasando rápidamente a un segundo plano.

La institucionalidad va más allá de un suceso, va más allá de un individuo, por poderoso que sea. Y Uribe preso lo demostró.  Hoy como sociedad nos ocupan otros asuntos. Hoy el Congreso avanza en su agenda con normalidad, el ejecutivo sigue en sus asuntos y las Cortes, aunque criticadas y alabadas, siguen profiriendo fallos. 

*Cristian Rojas es estudiante en último semestre de Ciencia Política con énfasis en Gobierno y Políticas Públicas. Sus temas de interés son la política social, la administración pública y la política agraria.

Twitter: @srcristianr, Instagram: @cristianr_24

**Foto tomada de la BBC.

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