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Mea Culpa

Por: María Angélica Pombo Acuña*

Hace un tiempo estaba conversando con unas compañeras sobre unos casos de acoso que se habían hecho públicos, y que involucraban a hombres en ciertas esferas de poder. Yo les comentaba lo difícil que es denunciar en Colombia y cómo a veces quieres, pero no puedes hacerlo, a lo que ellas me respondían que yo era una “mala feminista” por no denunciar esos casos en los que yo no era la víctima y tampoco conocía de manera cercana a alguna de ellas. Sin embargo, sí había escuchado múltiples comentarios sobre uno de los hombres en particular, pero no tenía pruebas o respaldo alguno para hacer una denuncia.

El poder de denunciar

El poder denunciar es un acto de valentía y también de privilegios en algunos casos. Menciono la palabra privilegios porque no todas las mujeres nos encontramos en la posición de hacerlo, sobre todo cuando el acosador es nuestro jefe, por ejemplo. Nos cuesta entender que en un país tan desigual y tan machista aún sea imposible denunciar, cuando luego las personas a nuestro alrededor recriminan si lo haces o no,  porque claro, la culpa siempre recae sobre la mujer. Así lo vemos, así nos lo han enseñado y así lo interiorizamos. 

Es común encontrar justificaciones a las violaciones y razones para culpar a las mujeres. Te culpan por cómo vistes, por cómo te ves, por cómo actúas y por lo que decides. De esta forma he vivido 21 años y el panorama siempre es el mismo: el amarillismo y el morbo frente a las decisiones de las mujeres. Nada de esto es diferente cuando nos referimos a si denunciamos o no, sea cual sea la decisión de la mujer, se nos va a juzgar. Es por esto que algunas aún tenemos miedo de hacerlo, porque las palabras que salen de nuestras bocas son usadas como argumentos para justificar lo que hacen los hombres, y de esta forma invalidan no solo lo que confesamos sino también lo que sentimos. 

Entonces tenemos que no solo nos toca pasar por un juicio interno y personal al momento de decidir si denunciamos, sino también con el juicio que, de manera silenciosa la sociedad va preparando para infundir dudas y culpas sobre nosotras. Es así cuando te empiezan a señalar y a decirte que “algo tuviste que haber dicho o hecho” para que eso pasara, que tal vez lo que “él entendió” fue otra cosa, o, peor aún, que eso pasa porque nosotras “nos lo buscamos”. 

Y así van apareciendo frases que no son más que la reafirmación del pensamiento machista, patriarcal y hegemónico bajo el que hemos crecido. Cada una de esas justificaciones es una carga de culpa más para la mujer, y te las dicen así denuncies o no. Con esto no quiero decir que da lo mismo el quedarse callada al no hacerlo, porque si algo puedo asegurar es que más allá de si la voz nos tiembla, de si tenemos miedo o estamos asustadas, cuando denunciamos estamos dando un paso hacia la libertad propia y de muchas otras mujeres que esperan encontrar apoyo y no porciones de culpa. 

La decisión de denunciar es personal y autónoma, pero estar en una situación que te permita hacerlo es lo que muchas veces nos detiene. No todas nos sentimos de la misma forma cuando decidimos hacerlo, y es claro que ninguna mujer debería sentirse culpable de las cargas que se le imponen por tomar esas decisiones. Lo más importante es que siempre podemos encontrar una red de apoyo dispuesta a luchar por esas libertades y establecer precedentes para que más mujeres podamos decidir sin miedo y sin culpa.

*María Angélica Pombo es estudiante de Derecho de la Universidad del Norte. Editora de la Revista Actualidad Jurídica (Universidad del Norte). 

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