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Racismo y otros males en Colombia.

Por: Laura Pérez Arteta*

“La homofobia es igual que el racismo, el antisemitismo y otras formas de intolerancia, ya que busca deshumanizar a un gran grupo de personas para negar su humanidad, su dignidad y personalidad.”-Coretta Scott King, escritora y activista estadounidense.

El 29 de mayo, Alejandra, una mujer trans, víctima del conflicto armado, requería atención médica al encontrarse en un estado de dificultad respiratoria severa. Alejandra murió después de que una ambulancia se negó a prestarle el servicio médico tras ser informados que tenía VIH, luego de 15 horas de negligencia y discriminación, la secretaría de salud recoge su cuerpo. 

El pasado 22 de mayo, Anderson Arboleda, un joven afrodescendiente de 22 años, quien supuestamente estaba violando la cuarentena por intervenir y evitar una riña callejera entre sus vecinos. Anderson murió por trauma craneoencefálico luego de que un policía le propinara “bolillazos” en la cabeza para amedrentarlo.

Cada vez que leo estos casos, me llevan a reflexionar y pensar en cómo la degradación, el prejuicio, el odio irracional, llega a tal punto de terminar con la vida de un ser humano. Y también es inevitable pensar que los colombianos nos unimos, protestamos, rechazamos los actos discriminatorios que suceden en muchas partes del mundo, pero cuando nos encontramos con una situación similar en nuestro país, el silencio y la indiferencia parecen ser nuestras únicas acciones. 

La política colombiana del libre desarrollo de la personalidad es progresiva en el sentido de que reconoce la capacidad que tienen todas las personas para realizarse individual y autónomamente. Sin embargo, y a pesar de que la Corte Constitucional ha desarrollado jurisprudencia para la protección de estos, las autoridades judiciales y administrativas a menudo anteponen sus opiniones prejuiciosas a la aplicación de la ley o ignoran (desconocen) las necesidades y derechos de los ciudadanos trans. 

Este es el caso de las limitaciones que sufren en términos de los espacios en los que se pueden desarrollar profesionalmente. De acuerdo con el testimonio de una mujer trans en el documento informativo de OutRight, el trabajo sexual o de peluquería resulta ser la única opción para ella, usualmente son empleos inseguros, que no proporcionan beneficios (son de baja remuneración y no otorgan ningún tipo de prestaciones o seguridad social), y que enfrentaría barreras de discriminación si, por ejemplo, intentara trabajar como profesora. 

Estos estudios revelan que el 79% de las personas trans han sido discriminadas en su lugar de trabajo; sólo el 5.3% de ellas han firmado un contrato laboral; y el 40% han sido forzadas a vestirse y a actuar de manera diferente en el lugar de trabajo. Por su parte, el racismo en Colombia, si bien no generó violencia física directa ni genocidios, si produjo un menosprecio por las culturas ancestrales y manifestaciones culturales diversas, dificultando el acceso a oportunidades de estudio y/o laborales a dichas poblaciones. 

Según el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, un 30% de las masacres en el conflicto fueron en territorio afro, 1/3 de los guerrilleros y paramilitares muertos fueron afrocolombianos, y al menos 1/3 de nuestros militares y policías caídos fueron negros.  A su vez, de acuerdo con las cifras del Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes, en una encuesta realizada a los colombianos, una de las preguntas fue qué tanto cree que aportan al desarrollo económico del país las etnias, 34% afirmaron que los afrocolombianos no contribuyen.

Nuestro país ha realizado muchos avances en materia jurídica sobre la protección de poblaciones vulnerables, sin embargo, a nosotros como sociedad aún nos falta mucho para suprimir las ideas y prejuicios que se hacen en contra de las mismas. Esto es un llamado a cuestionarnos nuestras creencias y acciones, muchos de nosotros crecimos en familias altamente conservadoras y tradicionales, en donde hablar de temas como el sexo, homosexualidad o aborto es un tema tabú y no permite que las personas crezcan con la mayor información posible en torno al tema. 

Este es un llamado a cambiar, a deconstruirnos y reinventarnos como ciudadanos, a aceptar que somos un país diverso y aprender a ser tolerantes es trabajo diario, que muchos de nosotros somos privilegiados y tal vez nunca llegaremos a entender el grado de discriminación que sufrieron personas como Alejandra, Anderson, y muchos otros. Debemos entender que la empatía es el poder más grande que tenemos como humanos.

En Colombia también hay racismo, también hay transfobia y su lucha apenas empieza.

*Laura Pérez Arteta es estudiante de Ciencia Política y Gobierno con énfasis en Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad del Norte. Además, es estudiante de Derecho de la misma universidad. Co-autora de artículos de investigación en temas como: gobernabilidad, gobernanza, políticas públicas y género.
Instagram: @lauramepar Twitter: @lauramepar Facebook.com/laurapereza

Fuentes: 

https://www.eltiempo.com/bogota/mujer-trans-denuncia-discriminacion-por-su-identidad-de-genero-490088

http://www.oas.org/es/cidh/informes/pdfs/ViolenciaPersonasLGBTI.pdf

https://www.dejusticia.org/wp-content/uploads/2017/04/fi_name_recurso_206.pdf

https://uniandes.edu.co/es/noticias/gobierno-y-politica/zonas-rurales-donde-mas-se-discrimina-por-color-de-piel

https://www.elespectador.com/noticias/judicial/investigan-muerte-de-joven-que-fue-golpeado-por-policias-tras-violar-la-cuarentena-articulo-922348

https://www.elespectador.com/opinion/racismo-en-usa-vs-racismo-e-colombia-columna-922209

https://www.redalyc.org/pdf/4766/476655976004.pdf

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