Por: Susana Osorio*.

Todas las civilizaciones tienen elementos que despiertan el interés y fascinación de muchos; sin embargo, es el mundo griego el que probablemente me envuelve con su enorme simbolismo y complejidad.  En ese sentido, y dado que gran parte del pensamiento político que rige nuestros países viene de los griegos (y los romanos), quiero destacar un elemento recurrente en su cultura y que era usado para representar su cotidianidad: el teatro.

Es así, como encontramos que fueron los griegos los primeros que definieron la realidad colombiana al llamarla “tragicomedia”.  Por ello, y a la luz de las movilizaciones que desde noviembre tienen lugar en Colombia, resultaría conveniente preguntarnos si en nuestro país vivimos eso que los griegos llamaban tragicomedia y para sustentarlo, utilizaré 5 argumentos, que sin ser los únicos, son los más tangibles:

1. El gobierno del presidente Duque, desde sus inicios, ha sido muy crítico con el llamado “Acuerdo de Paz”, firmado por su predecesor, Juan Manuel Santos. Al ser un instrumento humano perfectible, muchas son las observaciones que podrían hacérsele al mismo; no obstante, se trató de un contrato sin precedentes en nuestra jurisprudencia y donde el Estado y las FARC se comprometieron a una serie de ítems; de ahí, que cumplirlo, sea parte de las buenas costumbres que se esperan de una democracia y una negociación sería. Pues bien, ese mismo acuerdo que Duque llama a desconocer y con ello, justificar el incumplimiento por parte del Estado; en los escenarios internacionales, halaga y presenta como ejemplo de “negociación avanzada”. Por ello y considerando que se nos llama a defender el principio de buena fe solo de los políticos, nos resta pensar que nuestro Presidente padece de una especie de Trastorno de Disociación de la Personalidad.

2. Solo en países como Colombia, la Consulta Anticorrupción tendría tantos tropiezos y no obtendría la votación requerida para su implementación. No obstante, como nos hemos acostumbrado a vivir de palabras, le creímos nuevamente al Presidente cuando dijo que las medidas serían incorporadas como prioridad de su gobierno y una vez más, nos rompió el corazón.

3. Como senador y como candidato a la presidencia, Iván Duque nos explicó por qué una reforma tributaria con las características actuales, era inconveniente para la economía. Dos años más tarde, ese mismo Duque, pero ahora, con otra personalidad, nos dice que es necesario y que además promoverá el crecimiento económico.

Como la historia no acaba aquí, Colombia ha logrado lo que muchos no han podido: poner de acuerdo a los economistas y académicos de distintas escuelas y al unísono, han sostenido que esta reforma será perjudicial y produciría un deterioro en la calidad de vida, una contracción del consumo, una pauperización del empleo, entre muchas cosas más.  Sin embargo, resulta paradójico que el que dice ser presidente de todos los colombianos, oiga al único economista que piensa lo contrario y cuyas investigaciones comprobaron el enriquecimiento de su patrimonio por vías irregulares, sin sanción alguna. Acompañando el concierto de honorabilidad y virtud intelectual, nuestros congresistas, ignorando las recomendaciones de académicos, empresarios y de la ciudadanía en general, aprobaron el 20 de diciembre de 2019, en horas de la madrugada, lo que será el descalabro económico del próximo año.

4. En un país que dice ser laico, el juramento de las fuerzas militares a “Dios y la Patria”, no deja de ser curioso; pero para no ser quisquillosos, ¿qué significa jurarle lealtad a la Patria? Según la RAE, patria hace alusión a la “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”; luego entonces, jurarle a la patria, implica defender el territorio, pero sobre todo, defender a sus personas contra amenazas internas o externas.

En este contexto, surge una paradoja, ¿cómo defender a la población cuando la amenaza es interna y la orden proviene de un gobierno lleno de excesos y contradicciones? La tragedia de las más de 5.700 víctimas de falsos positivos, de los 18 niños que fueron bombardeados recientemente y de todas las irregularidades que se han cometido antes, durante y posterior a las movilizaciones, dan cuenta tener por máximo representante de las Fuerzas Militares al presidente y al mismo tiempo, jurar lealtad a la patria, nos lleva a un dilema ético-moral innecesario. 

5. Todos los puntos hasta aquí mencionados, hacían parte del pliego inicial de 13 peticiones que la ciudadanía le demandaba al Gobierno Nacional como urgentes. A la eficiente respuesta del gobierno de “leerlas y considerarlas” y viendo su histórico cumplimiento de promesas, se sumaron 91 nuevas expectativas, hablando hoy de las “104 propuestas”. El listado, que en un primer momento era exaltado por ser razonable y tener amplio apoyo, hoy es ridiculizado por su falta de realismo. No en vano, el amplio apoyo que en un primer momento tuvieron las marchas, parece estar menguando.

Hasta aquí, solo nos queda pensar que la riqueza natural que posee Colombia, contrasta con la pobreza de nuestros líderes políticos, con la miopía de dirigentes de muchos gremios y con una sociedad civil, que cansada de las promesas rotas, decidió seguir aguantando mientras cantaba villancicos. Nuestra tragedia consiste en reírnos de nuestra desgracia, en normalizar los abusos. Entre tanto, nuestra comedia, no es otra que nosotros mismos, haciendo listas interminables a un Papa Noel o un Niño Dios, que no existe en la Casa de Nariño.

*Susana Osorio es Politóloga y Profesional en Relaciones internacionales. En Colombia trabajó en investigación desde la academia, la sociedad civil y la fiscalía en temas de conflicto armado, Derechos Humanos y movilizaciones sociales. Actualmente, adelanta estudios doctorales en Chile y a través de “El Paro Sigue” busca generar instancias de reflexión que promuevan una cultura democrática sin violencia.

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