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Trabajo informal, otra forma de resistir en Colombia.

 Por: Manuela Vargas Porras*

El trabajo informal es una problemática que ha venido en aumento por las pocas garantías de empleo legal, la falta de educación, y por sí fuera poco, las altísimas tasas de desocupación que existen en el país. En Colombia, organismos estatales como el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) se encargan de posicionar a los ciudadanos en un “pódium socioeconómico”, el cual permite estratificarnos.

Desde allí podemos visualizar la pobreza, aquella que somete a muchos ciudadanos de estratos 0, 1 y 2 a subsistir, porqué se encuentran frente a una infame realidad donde por más que trabajen duro, las posibilidades de surgir en una escala social se agotan. Las cifras actuales en Colombia en cuanto a empleados no formalmente constituidos, calculan que el 66.3% de la población económicamente activa, es aquella que corresponde a un grupo de personas que trabajan de manera informal en el país. La informalidad se mide por ausencia de protección en seguridad y laboral (Salud, pensiones o ARL).

Afortunadamente, en nuestro país prima aquel refrán autóctono y popular que dice: “El colombiano no se deja varar.” Aquí justamente es donde nacen los vendedores ambulantes, recicladores, la prostitución, meseros, domiciliarios, lustrabotas, entre otros. Y es que razonablemente las personas hacen lo que saben o lo que sea pues no tienen otra opción.

Es por ello que el individuo se muestra deseoso por trabajar, víctima de toda esta realidad nacional y negándose a los actos delictivos. Recurriendo a otras alternativas para garantizar su subsistencia, asumiendo actividades laborales informales que, ocasionalmente, rayan en lo inhumano, puesto que se expone a tortuosos destinos carentes de posibilidades y sin acceso a la seguridad social, con un nivel irregular de ingresos que en la mayoría de los casos no garantiza estabilidad alguna.

La invitación que dejo en esta columna es que debemos apoyar a estos emprendedores invisibles, considerar el “trabajo informal” como forma de economía popular, es decir, como una labor que se aparta de la estructura formal por su flexibilidad y también como solución al desempleo. Con organización y gestión pública se pueden abrir este tipo de espacios para que esta economía permita que personas con escasas oportunidades tengan mayores ingresos de forma temporal, apuntándole a la formalidad como meta.

*Manuela Vargas es estudiante de derecho y ciencias política de la Universidad Autónoma de Colombia, actualmente es asesora en la Secretaría de Asuntos políticos y democracia en la organización Aglojoven Colombia, espacio donde se lucha por la transformación de territorios a partir de la acción colectiva y política.

Twitter: @Manuelavargas_
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Instagram: @manuelavargas11

**Foto tomada de Caracol Radio

Fuentes:
Cifras del empleo informal, tomadas de informe del Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario y la Universidad EIA de Medellín, en el año 2020.

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