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Tres temas ambientales por los cuales decimos: ¡Sí! Al Paro Nacional

“El Paro Nacional, en materia ambiental, puede ser la oportunidad requerida para conversar sobre en qué país queremos vivir, cómo se pueden aprovechar los recursos de este, y cómo pensarse un país cuyo desarrollo sea sostenible.”

Por: Franklin Martínez Martínez*

El Paro Nacional continúa, a pesar de la falta de debate y cubrimiento que los medios de comunicación han hecho. Continúa porque los temas de fondo, que han salido a flote durante las últimas semanas, aún no han sido discutidos, y el Gobierno Nacional no ha – aún – reconocido la gravedad de los asuntos expuestos. Tan así, que ni siquiera fue capaz de pronunciarse frente al macabro hallazgo de un cementerio de falsos positivos, en Dabeiba, Antioquia.

El tema ambiental no está solo en este sentido. Si bien los grupos ambientalistas han hecho parte del Paro Nacional y se han pronunciado frente a este, es necesario clarificar ciertos puntos frente al porqué de las demostraciones, y por qué lo ambiental tiene que ver – y toca, en lo profundo – con el derecho que todos los colombianos tenemos a la vida.

De acuerdo al Atlas de Justicia Ambiental, Colombia tiene actualmente alrededor de 129 conflictos ambientales, repartidos alrededor del territorio nacional. En este artículo, explicaré de forma muy breve – y me excuso por la falta de profundidad del contenido – temas ambientales claves y actuales, que, sin lugar a duda, deben ser tomados en cuenta a la luz de las manifestaciones del presente Paro Nacional. Quizá expliquen, estos eventos, una parte del descontento que tantas personas en el Caribe tenemos con el presente gobierno de Iván Duque y con esta república que, a los costeños, nos ha mantenido al margen.

1. El agua

La contaminación y privatización del agua en el país no es un secreto. En el caso del Caribe colombiano ha sido bien documentada en medios, aunque no traída a colación cuando hablamos del medio ambiente. El tema es muy complejo, y toca fibras íntimas de la organización y división de la tierra, que han permanecido intactas por décadas e, incluso, siglos.

El caso del Caribe colombiano es paradigmático. En la región De Montes de María, la problemática de acceder a agua potable es gravísima, y ha sido documentada desde hace varios años – aunque con pocos avances. Esta contaminación se debe al uso de pesticidas, fertilizantes y demás insumos para la agricultura que son, actualmente, utilizados por las industrias de la palma y la piña, monocultivos que han sido impulsados, desde hace varios años, en esta zona.

El uso indiscriminado de tales insumos ha tenido efectos visibles sobre la población (como bien ha sido documentado por Semana, así como por la Corporación de Desarrollo Solidario, CDS), impidiendo su consumo debido a los altos niveles de contaminantes de esta, y causando enfermedades a los pobladores que viven alrededor. La situación es gravísima: monocultivos de palma y piña botan los restos de sus insumos sobre la Represa, la cual alimenta a cientos de miles de personas en toda la subregión, afectando su salud.

Esto, sin contar con los casos de la Sierra Nevada de Santa Marta y de los municipios de la Zona Bananera, quienes a pesar de estar rodeados de agua, no pueden usarla dado que ésta ha sido privatizada y es utilizada para el monocultivo del banano.

O la falta de protección a los páramos de Colombia, frente a prácticas como el fracking – y que será tratado en el siguiente punto.

2. Fracking

Otro de los puntos de discusión más álgidos es el fracking. Si bien el presidente Duque durante su campaña prometió que el fracking no sería utilizado en Colombia, los hechos demuestran que el Gobierno Nacional, en el Plan de Desarrollo aprobado en el presente año 2019, incluyó la exploración de yacimientos petroleros a través de “fuentes no convencionales”, es decir, prácticas como el fracking.

Esta práctica está directamente relacionada con el anterior punto, dado que esta forma de exploración petrolera se hace a través de la inyección de agua a presión bajo la superficie de la tierra. En tal caso, y es esta la preocupación de grupos ambientalistas y organizaciones de base en todo el país, se abre la posibilidad de que yacimientos de agua subterránea, así como ríos en la superficie, se vean contaminados con petróleo, afectando la salud y el acceso a agua potable de las comunidades. Y más aún, es preocupante que a través de licencias mineras, tales proyectos de fracking podrían llegar a ser realizados en los páramos de Colombia, los cuales surten de agua a gran parte del país.

3. Las aletas de tiburón

El tema de la caza de tiburones para el corte y venta de sus aletas es, quizá, la gota que rebasó el vaso en materia de protección a la vida del país. Quizá sea la rabia y frustración de la población frente a la caza indiscriminada de tiburones debido a lo sanguinario e innecesario de la muerte de tantos tiburones, para alimentar una industria que no representa una parte importante de la economía del país. Cientos de miles de tiburones muertos, para alimentar una demanda externa, internacional, que no beneficia a Colombia, y que, al contrario, priva al territorio de su diversidad de especies.

Es quizá más grave que los tiburones no están solos. La falta de protección de ecosistemas clave para la vida, y más aún, la falta de participación del Estado colombiano en actuar frente al cambio climático, están directamente relacionados con la desconexión del presente Gobierno con los temas que garantizan la vida en nuestro país. Poco se habla de la protección a fuentes hídricas, o de la protección a la biodiversidad del país (directamente amenazada por el cambio climático), o de que – quizá – en 50 años las ciudades costeras de todo el país estén inundadas debido al aumento del nivel del mar.

Todos estos temas, desde mi punto de vista, se relacionan directamente con la caza de tiburones: representan la desconexión de nuestro país con los temas que afectan al mundo, y que nos mantienen en una suerte de burbuja nociva que no nos permite crecer, avanzar, mejorar. El Paro Nacional, en materia ambiental, puede ser la oportunidad requerida para conversar sobre en qué país queremos vivir, cómo se pueden aprovechar los recursos de este, y cómo pensarse un país cuyo desarrollo sea sostenible.

* Estudiante de Maestría en Historia Ambiental en la Universidad de Uppsala, Suecia. Miembro del Colectivo de Pensamiento e Interacción. Politólogo con énfasis en Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad del Norte. Coordinador de curso en CEMUS – Centrum för Miljö och Utvecklingsstudier. 

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