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Y la diversidad sexual, ¿dónde está en El Paro?

Por: José Fernando Salcedo*

El presente Paro Nacional ha sido una oportunidad dorada para entender las dinámicas sociales, políticas, económicas y culturales en las que está envuelto nuestro país. Dicho proceso de visibilidad ha demostrado que el actual gobierno nacional fue incapaz de establecer mecanismos de diálogo, de consulta y sistematización de los malestares sociales en su hoja de ruta, que es el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022, sumado a un gabinete incapaz de establecer conversaciones fluidas y técnicas con la ciudadanía y un paquete de medidas que han contribuido a la desmejora de las condiciones de vida de los más vulnerables del país.

Por tal razón, hay un tema que parece problemático para todo el mundo, hasta para el mismo Comité Nacional de Paro, como lo es la garantía efectiva de la implementación a todos los niveles de la política pública nacional para personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas y del enfoque de diversidad sexual en las políticas nacionales.

La situación descrita anteriormente tiene dos antecedentes directos en este gobierno: el primero, ha sido la invisibilización de la población LGBTI del Plan Nacional de Desarrollo y, el segundo, la errática y casi nula implementación de la política pública LGBTI por parte de la Dirección de Derechos Humanos del Ministerio del Interior. Ambos hechos tienen características similares porque fueron resultado de presiones de los sectores más conservadores que hacen parte de la coalición de gobierno, como, por ejemplo, Colombia Justa Libres, y que han sido los promotores del rechazo a la inexistente “ideología de género”.

Además, por una estrategia de desgaste entre los canales de diálogo entre el gobierno y los liderazgos de los sectores sociales LGBTI, rompiendo la interlocución en el nivel nacional e imposibilitando la generación de planes de acción que garanticen los derechos de esta población históricamente vulnerada.

Discriminación estructural.

No queda por fuera la situación estructural de discriminación y seguridad de las personas LGBTI, especialmente las mujeres trans y los líderes que cada día desde sus territorios inciden para promover la garantía de derechos. Por tales razones, la población LGBTI organizada, y no organizada, ha sido un actor clave en las movilizaciones y las diferentes manifestaciones asociadas al Paro Nacional.

Sin embargo, esto no se había visto reflejado en el Comité Nacional de Paro, liderado principalmente por Centrales Obreras, donde la representatividad de las personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas había sido poco reflejada. Esto repercutió en que el pliego de peticiones inicial no nombrara la diversidad sexual, ni incluyera peticiones específicas dirigidas a este sector poblacional.

Por tanto, la respuesta de las organizaciones, colectivos y activistas LGBTI, ha sido promover espacios de articulación a las asambleas sobre El Paro, promover su inclusión dentro del Comité Nacional de Paro y exigir la inclusión de peticiones específicas en el pliego dirigido al gobierno nacional. Igualmente, se debe reconocer que el tema también ha sido esquivo en los espacios de interlocución de la mesa de diálogo con el gobierno nacional, donde los temas de inclusión no solo de género, sino poblacionales, han estado ausentes de esas reuniones programadas hasta marzo del 2020.

Este panorama promueve una reflexión profunda sobre la participación política de las personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas en el escenario colombiano. Definitivamente, la inclusión de personas LGBTI+ no puede verse como una mera representación para incluir a todo el mundo, sino que debe verse como un movimiento social que ha sido resultado de un proceso de lucha social, incidencia política y participación activa en la transformación del país en los últimos 30 años.

Además, plantea el reto de despatriarcalizar los escenarios decisorios de confluencia de los movimientos sociales y las estructuras sindicales que no han logrado responder a una exigencia de unidad frente a las diferencias para responder a un gobierno profundamente retardatario y que solo dialoga con las élites y los sectores que lo han apoyado incondicionalmente. Por ejemplo, el gremio de los taxistas.

El Paro continúa buscando nuevos horizontes, al igual que la población LGBTI buscando incidir en el mejoramiento de las condiciones de un sector poblacional históricamente discriminado por un sistema patriarcal y opresor. En este sentido, la conversación debe seguir abierta, la mancha arcoíris seguirá en las calles exigiendo la garantía de derechos y por la ciudadanía negada históricamente. La fuerza de todas las personas caídas por la violencia machista y patriarcal es el mayor combustible para esta revolución. ¡Al Closet nunca más!

*Caribe, Politólogo uninorteño con énfasis en políticas públicas y gobierno, estudiante de la maestría en estudios sobre el desarrollo (Uniandes). Project Hunter de la Corporación RedSomos. Investigador, columnista y activista en temas de derechos humanos, diversidad sexual, juventud y políticas públicas. Alto consejero sobre diversidad sexual en la Alianza Global de Jóvenes Políticos Colombia. Miembro del Grupo de Referencia de Juventudes de Gay Latino y miembro de Plataforma LGBTI por la Paz. 

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